Todos tenemos algún rincón maldito, aquel en que guardamos los adioses, las palabras de amor que no dijimos, los besos que pedimos, las caricias que nunca nos llegaron. Pero siempre, cuando la luz se enciende en el bar que nos pilla de camino hay un momento, escondido entre los vasos, en que parece como si viniera él a beber el ron que dejara a medias esa noche... la del miedo.
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