septiembre 01, 2011

aquella risa tonta.

irrenunciable abismo
de todos los pecados,
estertor de agonía resucitada y nuestra.

Y todo era verdad , el calor y el misterio
el desfallecimiento
del músculo saciado,
el hambre de tu cuerpo nunca colmado y lleno,
la quietud que seguía al espasmo glorioso
y la boca sedienta y ese terrible impulso
de que en la piel quedaran
las dulces cicatrices de todas tus suspiros.

Y luego el cigarrillo
y aquella risa tonta.

Y luego el tiempo ido y la añoranza siempre.
Y el deseo de ti que camina conmigo.

Y por eso te escribo,
cuando tú ya no eres
más que un nombre
que no me atrevo a pronunciar siquiera.
Por más que aún me persigan
sin piedad ni clemencia
por estos mismos versos
que te sigo enviando irremediablemente.

(y que ignoro, dios mío,
si le llegan a él).

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